El arte de construir paredes escribiendo – Ana María Rodas

“… nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos…”, escribió Virginia Woolf, en 1929, en “Una habitación propia”, el ensayo en el que plantea la necesidad de que las mujeres tengan un espacio propio para crear, para hacer que se escuche su voz. En esta serie, Plaza Pública reanuda la pregunta: ¿Cómo construyen su habitación propia las mujeres guatemaltecas? Ana María Rodas, escritora y periodista, responde aquí.


Mi habitación propia es, esencialmente, un recinto amplio y acogedor. Imaginario por supuesto, y va siempre a donde yo voy. Pero a veces se deslíe en el aire, se convierte en un espacio que no tiene forma; se estira y se encoge, se alarga y desaparece por algún tiempo sin que sepa yo dónde se halla; hasta que de pronto cae suavemente encima de mi cama cuando duermo y lo encuentro rodeándome al despertar. Me ha acompañado casi toda mi vida. Desde el tiempo en que, teniendo unos dos años, dejaba tiradas en el suelo de la sala las hojas para acuarela y los crayones más finos de mi padre —que no decía nada cuando llegaba a casa, veía con ojos bondadosos los desastres causados por la niña y solo recogía los materiales— mientras yo, olvidada de dibujar, repasaba con los dedos los lomos de las obras cuidadosamente puestas en la librera de la habitación.

 

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