La mujer árbol

Llovía rítmicamente, cada gota entonaba un sonido que me despertaba de ese exquisito sueño, nada más pacífico que dormir al sonido de la lluvia. Por la ventana tapizada de gotas se ven ya los zanates reunidos como todas las mañanas vienen a pedirme que los alimente, esperan impacientes que cambie el agua de sus tinas y les de manjares. Me levanto, no sin antes estirarme y terminar de despertar mis ramas, muevo cada una de mis raíces, las muevo despacio, casi sensualmente en la tierra fresca; con mi rama  izquierda despierto al gato Tom que está acurrucado en mi cabello, ha encontrado allí el nido perfecto para sus ensoñaciones. Lentamente saco una de mis raíces para despertar a Salem, una tierna mezcla de dos perros que yace al final de mi tronco, espera a que me levante para empezar un nuevo día. El gato Benito se lame la pata derecha debajo de un pequeño rayo de sol que se escapa de la lluvia. Hoy he amanecido resguardada por una capa delgada de musgo que tiernamente desprendo de mí  y la dejo a un lado para la noche.

Mi cuerpo siente la frescura de la lluvia y se estremece, se eriza y termina de energizarse.

 

Me levanto, acomodo mi cabellera de ramas y hojas moradas,  me despierto sintiéndome más alta; estoy erguida, muevo mis raíces, les encanta bailar dentro de la tierra. Hoy caminaremos. Cada raíz tiene su propio movimiento sensual, van abriéndose camino por entre la tierra y nos movemos hacia la orilla del lago. Queremos embriagarnos con ese líquido azul aqua. Sumerjo mis raíces despacio hasta sentir cómo el agua se compenetra y llega a mi última hoja, me vitalizo, siento la magia azul aqua, miro hacia al cielo y  sigue lloviendo sutilmente, sonrío y cierro los ojos, veo el mundo, veo todo el bosque que es mi hogar, veo a todos los demás árboles, animales y seres mágicos.

Los zanates me han acompañado, se bañan en el lago dando saltos y gritos. Tom, Benito y Salem, mis hijos de cuatro patas, corren alrededor persiguiendo bichos que saltan de la cobija verde de la tierra. Mis hojas buscan luz para recibir vida, se mueven y giran hasta encontrar el ángulo perfecto para beber sol. Con mi rama derecha me acomodo el tronco, hoy he encontrado varios bichos que se han cobijado en mí, son todos colores brillantes y tornasol, los tomo con cuidado y empiezan a volar.

 

Sigo caminando y cruzo el lago, necesito un momento a solas, estoy en medio de un descubrimiento existencial y necesito sentirlo profundamente. Llego al centro del lago, a lo más oscuro y frío. Siento en mi tronco los peces que me saludan y besan, son mis amigos, saben ser compañía sin interrumpir mis pensamientos; me sienten y los siento, no necesitamos hablarnos. Antes tenía miedo de llegar al fondo del lago, pero este es mi descubrimiento: ¡¡no tengo más miedo!! Levanto mis ojos hacia el cielo y los cierro, alzo mi rama derecha y la izquierda y me dejo caer… siento el viento que me abraza mientras caigo y luego el golpe del agua que choca por detrás en mi cabeza, estoy cayendo y no tengo miedo, abro los ojos y veo el mundo distorsionado por el agua, sigo cayendo cada vez más profundamente hasta que no veo más el mundo de afuera, estoy adentro, adentro de mí, en el fondo del lago. Todo está oscuro, solo se ven las lucecitas de las luciérnagas de mar, titilan, están de fiesta, siempre lo están. Dejo de caer, he llegado al fondo, estoy sola y he descubierto que no tengo miedo, la oscuridad del fondo de mí misma me hace ver todo claro, ¡oh qué dulzura es estar solo conmigo!, el mundo es mío y yo soy el mundo, aquí en el fondo no existe el frío pero sí la frescura, no existe el miedo y sí la soledad, no existe el tiempo y soy feliz. Este es mi descubrimiento, me dejé caer y encontré mi propia habitación. Mis raíces se mueven, siempre se mueven con sensualidad, son ellas las que dan cuerda al erotismo de mi cuerpo, mi tronco se relaja y se deja llevar por su baile, las hojas se agitan, toda yo vibro, como una onda de movimiento. Me siento yo, mi cuerpo, cada espacio de mí está conectado con mi consciencia y me veo, soy el centro, todo gira desde el fondo y yo estoy en el centro, mis pensamientos, mis ideas, mis sentimientos, los deseos se liberan como remolino giran frente a mis ojos, aquí cuando estoy sola, es cuando más libres son, corren y oigo sus carcajadas de felicidad.

 

Todo mi cuerpo con la frescura del fondo del lago hace que mi alma se relaje y no perciba más el tiempo; mis ojos brillan, mis labios se entibian, mis hojas sienten cosquillas, una luz en el pecho me da paz, me siento feliz. Estoy embriagada de agua, soledad y luz. Aquí no existe nadie más, solo yo y es la felicidad. No lo resisto más, cierro los ojos y me envuelve el remolino de sentimientos y deseos; nos dejamos llevar y caemos en el infinito, vemos pasar estrellas y caracoles que sonríen, damos vueltas y fluimos.

Viene la paz, viene la nada. Me siento y soy.

 

Pasa el infinito, abro lo ojos, mis raíces tienen frío; nado, nado hasta salir a la superficie y veo el cielo que baila con más lluvia y estrellas, el sol se ha ido y yo he pasado todo el día conmigo, es tiempo de volver, ya puedo estar con los que amo después de este éxtasis de soledad. Salgo del lago dejando un rastro de agua y caracoles, busco la estrella grande que nos alumbra cada noche. Allí está él, me siento y me recuesto a su par, nuestras raíces se enlazan por debajo de la tierra, su rama derecha acaricia mis hojas moradas, sus ojos me saludan, ¡es mi compañero árbol! No decimos nada, lo sabemos todo.

 

Soy una mujer árbol con raíces que danzan sensualmente en tierras productivas, me conecto con cada ser a mi alrededor, soy dueña de mí, amo a mi familia y mi espacio, los días giran y suceden conmigo al centro, yo los controlo, mi compañero árbol está a la par.

 

mujer árbol

Guatemala, 04 de junio 2015

ArtEnea